HE WAS BLUE, mixta sobre tela

L A  I C O N O G R A F I A  P O E T I C A  DE 

G I O C O N D A  R O J A S

Por Juan Acha

“…Lo cierto es que Gioconda Rojas nos ofrece un conjunto de imágenes, manchas y palabras conocidas, que no obedecen al deseo de narrarnos un hecho sino al propósito de hacer visibles mundos líricos con una intensidad estética sin par. Para lograrlo, ella se limita inteligentemente a acentuar la capacidad de narrar de cada figura, mancha y palabra con su propio aislamiento, ya que éste impide narrar. Su intensidad estética de emanente lirismo pocas veces vista es producto de una hábil ambientación lograda con colores suaves, armoniosos y sugerentes.

Además, viene acompañada del admirable dominio manual con que su autora despliega su estilo entre gráfico y pictórico. La suya es una iconografía que poetiza sus elípticos temas, sus ricas cargas estéticas y su atractivo estilo gráfico-pictórico.

Todo en las obras de Gioconda Rojas se halla dirigido a nuestra sensibilidad y ésta sea impelida a improvisar un código estético o a desempolvar alguno en el desván de nuestra memoria colectiva. Entonces los significados posibles de cada figura, mancha y palabra se hermanan con las reacciones que nos suscitan el cómo está dibujada y pintada cada imagen y cómo han sido estratégicamente ubicadas las figuras y colores en la totalidad de la superficie pictórica.

Cada obra se nos presenta como un chorro vivificante de agua fresca en la deseada pluralidad de la pintura latinoamericana. De aquí que en esta pintura le asignemos un lugar destacado a las obras de Gioconda Rojas, cuya riqueza estética anuncia ascendente continuidad y variedad de logros pictóricos futuros.”

—Juan Acha

México, D.F., Mayo 1993.

UN POETA ES UN PROFETA, mixta sobre papel

P E R M A N E N C I A   E N   E L  C A M B I O

Por Efraím Hernández

“Gioconda Rojas nos ha ofrecido desde hace mucho tiempo una de las pinturas más refinadas y sutiles del medio. Sus paletas restringidas y sus sugerentes atmósferas señalan el recorrido afectivo de la pintora, a lo largo de interminables periplos por la geografía de su interioridad”.

Siempre introspectiva, convierte la bruma de sus veladuras en el silencio y el cortinaje bajo cuyos pliegues encontramos el peso del recuerdo, el eco de la experiencia: los grises del dolor y las caligrafías de la esperanza y la alegría”.

El notable manejo de transparencias y sobreposiciones, convierte su pintura en el sugestivo escenario por el que desfilan vivencias de profunda intensidad, planteadas desde la humildad del silencio y la entereza de voluntad”.

—Efraím Hernandez

Universidad Nacional, 2010.

‍EL NIÑO Y EL ESPACIO, mixta sobre tela. Colección privada. Costa Rica

‍Acrílico sobre tela. Colección Ortiz Gurdián. Centro de Arte de León, Nicaragua.

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G I O C O N D A R O J A S D E S D E   O T R A S 

 F R O N T E R A S Por Ronald Christ

La transparencia brillante es la más delicada de las ambigüedades: miramos hacia ella o a través de ella. Cuando la técnica es la correcta, podemos mirarla y penetrarla al mismo tiempo -adentro y afuera, superficie y alma-. Hacemos esto por significados de luz. Gioconda Rojas hace, de esta delicada ambigüedad, su tema, y su técnica de lavados acrílicos se convierte en el método que le corresponde. Por supuesto, la luz es el único sujeto de los verdaderos pintores, y Gioconda la hace suya de forma radiante, resplandeciente y destellante; envolviendo y traspasando sus objetos en blancos tenues o texturados, formando hordas en cada color. “Escríbeme algo de la luz”, implora reflexivamente uno de sus títulos.

En su trabajo encontramos continuamente estratos o contemplaciones de su situación y su historia no narrada, ya que el trabajo del que hablamos es personal, íntimo y depende de los signos privados y particulares de su lenguaje, una semiótica que el distinguido crítico Juan Acha captó y destacó de forma admirable.

Podríamos echar un vistazo a su atrevida estancia en Suiza, donde llegó sin hablar el idioma local y sin soportes dentro del medio para hacer frente al mundo internacional del arte, y se abrió camino con el mensaje de su propia obra.

Por otra parte, podríamos también mirar su estada en Santa Fe (Nuevo México, Estados Unidos), y con ello lograr ver, tanto como leer, en ambas escenas lo que ella muestra simultáneamente, desde un enfoque vertical superior hasta uno horizontal.

Su contemplación de La Habana se presenta también en una ventana y a través de esta, frente a la cual se posa a sí misma en la imagen definida de una silla y dice con una sonrisa: “Una silla siempre es necesaria…, ¿o no?”, refiriéndose al estado universal de sus objetos repetitivos.

Lo mismo sucede con la bicicleta, la cual figura como un medio de acceso y escape, diversión y vuelo, así como un motivo decorativo en el cual las imágenes ligadas trazan un patrón abstracto hasta que, con un segundo vistazo, Rojas despliega su mensaje y nosotros encontramos lo ordinario y lo concreto en su filigrana tan poco familiar, como en Primera escena: 25 años (1992).

Existe, por lo tanto, algo líricamente críptico y evidente en estos objetos familiares. Rojas escribe sus pictóricas cartas al mundo: a las ciudades y a personas que ha conocido (y que conoce pintando ), y, al igual que Emily Dickinson, ella escribe a su manera.

Con solo hilo (1995) puede descubrir lo que se oculta bajo el traje de la imagen de una mujer y, sin embargo, el texto detrás del abrigo no descubre el misterio.

En otras palabras, Gioconda Rojas reconoce y plasma sus ideales translúcidos y transparentes a la vez que observa la solidez de lo real. No se expone a sí misma. Porque no lo hace, existe espacio para la historia del espectador en el trabajo que realiza (en Tangente [1992] escribe: “Tu mundo y el mío”).

En el mejor de los sentidos de un término muchas veces desacreditado, Rojas es existencial. Su “yo” se refiere a “ustedes”. Llama al mundo “vosotros”, que es lo que Martin Buber nos enseñó: la gente que venera la experiencia de otros con la suya propia y reconoce los poderes más allá de sí misma.

En su evocadora pintura If you survive (1996), el título ocurre en un “si sobrevives” -todos estamos juntos en esto-, y esa frase es infrascrita sobresaltando la condición humana. “No será fácil. Algunas veces hay que herir el papel”, reflexiona refiriéndose a C’est rigolo (1996), obra a la que ha quemado los bordes.

En ocasiones, la pintura gotea tonos rojos y azules: los colores de la sangre dentro de su mundo de recuadros pintados como parches de lino o algodón, aislados o unos sobre otros.

Gioconda Rojas plasma al mismo tiempo que descubre. Celebra esas actividades aun cuando exista el dolor. En otras palabras, enfrenta la vida con coraje y va hacia adelante en sus propios términos; y uno podría hacerlo también contemplando su trabajo.

Permitámosle a las líneas punteadas de sus dibujos, resultados de los bosquejos de ingeniería de su padre, que nos indiquen lo que significaron para él y ahora para ella: la visión de lo que no puede ser visto porque aún no existe.

—Ronald Christ

Santa Fe, New Mexico, EUA. 1996.

EL LIBRO DE LA VIDA, mixta sobre tela. Colección privada . Florida. E,U,A,

G I O C O N D A R O J A S :

E X P L O R A C I Ó N

Y P O É T I C A S C O M P A R T I D A S

(extractos)

Por Luis Fernando Quirós

Explora, insisto, en la identidad y la existencia, una obra que se auto-cuestiona la construcción de la identidad a partir de la intimidad arraigada en la memoria. Gioconda vierte el interés en pilares como la identidad y lenguaje, utiliza el arte como el vehículo de su exploración a la naturaleza del ser humano y sus relaciones, tal y como dije, con el entorno bio/cultural.

A partir de sus vivencias intrapersonales y los recuerdos, lo íntimo y lo personal es que palpo una “caligrafía” interior, que filtra las experiencias a un lenguaje visual, motivando explorar la inflexión (o comba en el palo o punto de quiebre) de la cual brota su propia existencia.

Además, entabla un diálogo con dicho entono a través de los recursos y procesos del arte contemporáneo, invitando al espectador a indagar cuales son los elementos que definen lo que somos, trasladándolo a un contexto colectivo.

Relacionar esta obra visual de Gioconda con la música de Arvo Pärt, se fundamenta en el compartir ambos un “minimalismo espiritual”, que interioriza la economía de recursos estéticos y creativos, propios de esta coyuntura tan de hoy.

—Luis Fernando Quirós.

San José, Marzo 2026.

Texto Original Completo

SE VENDE, mixta sobre tela. 130cms×130cms. Colección privada Costa Rica.

‍R O J A S H O W E L L : C R O N I S T A D E R E A L I D A D E S

M Í N I M A S (extracto)

Por Juan Carlos Flores Zúñiga

“En términos de proceso artístico – de tres décadas - ha venido enfatizando la tonalidad monocroma, la gama de colores limitada, y el uso de componentes y formas mínimas. Sigue siendo una artista figurativa como punto de partida, pero más por la ruta de evocación o la referencia que por la intencionalidad.

Aunque se la puede asociar con el minimalismo, por su producción de los últimos cinco años, se nutre más de la experiencia modernista europea que de la estadounidense.

Formalmente se esfuerza por reducir sus componentes plásticos a lo esencial, despojando al cuadro de elementos sobrantes, evidenciando que ha adoptado el reduccionismo propuesto originalmente por el vanguardista ruso Kazimir Malevich, los constructivistas rusos y el movimiento artístico De Stijl.

El uso creciente de los colores puros, las formas geométricas simples, los tejidos (bordados) la acercan al minimalismo, pero el hecho de que sus obras no están destinadas a ser objetos efímeros, descartables, que dependen del espectador y el contexto sociopolítico para completar o transformar su significado la separan claramente del conceptualismo. Hay continuidad e integridad en su proceso, aunque a veces experimente con los ready-made a lo Marcel Duchamp o construya obras tridimensionales cargadas de ironía motivadas por la necesidad de dar respuesta a un hecho coetáneo de carácter social como ocurre en mucho del arte conceptual.

Rojas Howell construye obras estimulantes para conducir a sus espectadores por la vía del sueño a recuperar inconscientemente etapas perdidas de la infancia. Como ilustraciones del pensamiento su obra se ocupa de la memoria y la sensibilidad cotidiana en espacios dominados por los blancos del sueño, y la caligrafía torpe y sincera de los niños y los adultos que nunca dejan de ser niños.

Pero además agrega un valor en términos de conducta artística que sustenta la integridad de su concepto y práctica pictórica, a saber, un estilo de vida acorde con su expresión artística.

Cuando Rojas Howell incorpora la disciplina del silencio, y la práctica de estar totalmente presente (mindfulness) enriquece su proceso creativo. No es una moda pasajera para ella ya que no hay encubrimiento, sino consecuencia de su proceso: lo que vemos y percibimos es lo que es. No cae en la tentación de la producción en serie, ni se rinde ante las oportunidades y peligros de ser integrada como un recurso más de la decoración y el diseño interior. Nada sobra, nada falta. Ha logrado mantenerse fiel a la inocencia de la mirada.”

—Juan Carlos Flores Zúñiga

San José, Costa Rica. 2019.

Texto Original Completo